Arquitectura, Architecture, Urbanismo, Urbanism, Planning, Paisajismo, Landscape, Diseño, Design

Torre de cápsulas Nakagin

Kisho Kurokawa
Kaigan Dori. Shimbashi
Ginza. Tokio, Japón. 1972
La torre en el contexto urbano de la metrópolis japonesa

La torre de viviendas cápsula Nakagin es un icono simbólico de la ciudad de Tokio que se sitúa en los alrededores de la estación de Shimbahi en Ginza. Es uno de los últimos edificios que se realiza bajo la influencia del Movimiento Metabolista japonés y se puede considerar como la obra más representativa de esa tendencia arquitectónica  que se desarrolla en aquel país asiático entre los años 50 y 70.


La Arquitectura Metabolista japonesa surge a mediados del siglo XX como una utopía tecnológica orientada a pensar las condiciones optimas para el desarrollo futuro del urbanismo y la arquitectura. Bajo el liderazgo de Kenzo Tange, los metabolistas establecieron unas ideas muy ligadas a la idiosincrasia de la peculiar cultura japonesa. Creían en una integración natural entre la biología y la técnica y, en consecuencia, en la impermanencia de las construcciones en un entorno muy caracterizado por terremotos, tsunamis y la tremenda devastación producida por la Segunda Guerra Mundial. Por eso, el metabolismo fue una propuesta de arquitectura orientada hacia el futuro pero que extrae sus recursos del conocimiento del pasado próximo y lejano para reconstruir las ciudades japonesas.

Para los metabolistas, la arquitectura y las ciudades eran organismos en permanente transformación. Y, por ello, la construcción debía concebirse como un conjunto de elementos intercambiables y sustituibles en un proceso recurrente en el tiempo. Todo ello, junto a unas estructuras de soporte que les dieran consistencia y funcionalidad estructural y urbanística. Sus ideas de ciudades expresan de alguna manera esta conceptualización. Como el Plan de Tange para la bahía de Tokio presentado en 1960 que se define como una trama de vías sobreelevadas por encima de la lámina de agua que da accesibilidad a una serie de grandes islas artificiales y espacios flotantes en los que se insertan edificios de oficinas, servicios y grandes estructuras habitacionales.

La dos torres Nakagin en su contexto del barrio de Ginza. Foto: Carlo Fumarola, Flickr

La arquitectura, para ellos, debe acoplarse al cambio del tiempo. Y sus espacios y piezas sustituirse periódicamente como ocurre en la arquitectura japonesa tradicional. Ello coincide con los procesos urbanísticos tradicionales y la forma en que se renuevan constantemente sus ciudades. La arquitectura de los templos sintoistas, ejecutada esencialmente en madera, es renovada cada cierto número de años y sus elementos estructurales y constructivos sustituidos regularmente por otros nuevos a lo largo de los siglos.

Tal como lo concibe, Kurokawa, El metabolismo es el movimiento arquitectónico de la era de la vida. La era de las máquinas está representada por lo material y lo mundano. Ésta destruyó los valores del pasado, cantó las alabanzas a la posesión de la tierra de los vivos y no pensó en ello a largo plazo. El metabolismo representa la simbiosis del tiempo, y observa el pasado, el futuro y el presente con el mismo valor. Promueve una arquitectura abierta al futuro, pero respeta la herencia histórica.

La característica ventana de las cápsulas: Foto: Urbzoo

En 1960, tras la estancia pedagógica de Tange en el Massachussets Institute of Technology, el movimiento se presentarían en sociedad con una magna exposición y congreso que atrajo a grandes arquitectos europeos y americanos. La World Design Conference, o WoDeCo, celebrada ese año en Tokio y que incluyó un texto fundamental a modo de manifiesto: Metabolismo: Propuesta para un nuevo Urbanismo. Según recoge Koolhaas en su libro, Project Japan, entre los asistentes invitados se encontraban figuras como Jean Prouvé, Paul Rudolph, Alison y Peter Smithson, Louis Kahn y Ralph Erskine. Años después, la Olimpiada de Tokio de 1964 y la Expo de Osaka de 1970 ofrecieron unas oportunidades inmejorables de expresión a los miembros del Movimiento Metabolista. En esos eventos se construirían magníficos edificios que teniendo la impronta japonesa expresan una fuerte confianza en el futuro y en las posibilidades para la sistematización de piezas y elementos con los que construir una arquitectura de procesos y reciclajes.

El Movimiento Metabolista tuvo un fuerte apoyo institucional en Japón durante dos décadas. El gran conglomerado formado por el poderoso Ministerio de Industria y Comercio Internacional japonés ofreció recursos de todo tipo a un grupo amplío de arquitectos encuadrados dentro del Metabolismo, entre los que se encontraban, además de Tange, figuras como Kiyonori Kikutake, Fumihiko Maki, Arata Isosaki y Kisho Kurokawa. Eso les permitió una gran difusión de sus ideas, influyendo no solo dentro de la especial sociedad japonesa, sino proyectando sus conceptos y realizaciones al exterior. Con los años, la ascendencia de los arquitectos encuadrados en el Metabolismo se proyectaría internacionalmente hacia todo el espacio del Sureste Asiático y Oriente Medio, construyendo numerosas obras en países como Singapur y Malasia. Kurokawa llegaría incluso a proyectar la ampliación del Museo Van Gogh en Amsterdam en 1999.

Kisho Kurokawa fue un arquitecto excepcional que dedicó muchísimos esfuerzos a la difusión de sus ideas y conceptos. Siempre cultivó una imagen de artista sofisticado y de vanguardia y, para ello, dedicó mucho tiempo a mantener una constante en los medios de masas. Durante veinte años mantuvo y presentó un programa de televisión dedicado a la promoción de la arquitectura y el debate sobre los problemas urbanos en las ciudades japonesas. Ya desde estudiante, viajó regularmente al exterior generando una fuerte influencia internacional en nombre de la arquitectura de Japón.

El elegante arquitecto Kurokawa en las revistas japonesas de la época. Imagen: Project Japan, Taschen.

La Torre Nakagin de Kurokawa representa una conjunción de las ideas metabolistas en su concepción coordinada de estructura y piezas sustituibles en el tiempo. Está compuesta por 140 cápsulas de vivienda mínima que se apoyan en dos mástiles estructurales que contienen los elementos de comunicación vertical y las infraestructuras de servicio necesarias para el funcionamiento de las unidades residenciales. Cada cápsula acoplable tiene unas exiguas dimensiones de 2,5 x 4 mts. Esa vivienda mínima de 10 m2 tiene todos los elementos necesarios para la vida de una persona integrados en su exiguo espacio interior, baño, cocina y fregadero, cama y espacio de trabajo. El diseño incluye elementos futuristas entonces, como la integración de piezas para las comunicaciones telefónicas, la radio y la televisión. Fueron prefabricadas en acero y construidas en taller por una empresa de producción aeronáutica, para ser trasladas posteriormente al lugar y ensambladas sobre las torres soporte de escaleras y ascensores..

Según cuentan, Kurokawa se inspiró en el juego de construcciones Lego que usaban sus hijos y, en las múltiples combinatorias que ofrece el acople de sus piezas básicas. Su proyecto diseña todos los elementos de soporte y enganche estructural, al mismo tiempo que define un podio con el que se genera una terraza comunal a la misma altura que la autopista urbana a la que da frente el conjunto.

Esquema constructivo de las torres Nakagin. Imagen axonométrica: Abilia Blog

Elementos que componen las cápsulas diseñadas

Actualmente, el singular agregado de dos torres está amenazado de desaparición y su sustitución por una nueva construcción. El paso de los años y el deterioro de sus materiales e instalaciones, junto a las fuertes apetencias especulativas de sus propios usuarios sobre una parcela central de la ciudad, han reabierto el debate sobre a quién corresponde la responsabilidad de controlar y mantener un icono relevante de la cultura de un país y que es de propiedad privada.

En 2007, moría su autor, Kisho Kurokawa. Fué el más joven y más conocido representante del Metabolismo, esa tendencia que tuvo repercusión mundial como exponente cultural de Japón. En los últimos años de su vida batalló intensamente para lograr que su proyecto de Torre de Cápsulas Nakagin no fuera demolido. Como consecuencia de su interés por mantener su obra llegó a comprar 8 unidades del casi centenar y medio de cápsulas que componen el edificio tratando de evitar su desaparición.

En las entrevistas realizadas durante la filmación del documental de Rima Yamasaki sobre el edificio, el arquitecto Toyo Ito expresa su convicción de que se debe asumir la desaparición del edificio como una consecuencia normal de la finalización de su vida útil, tras cuarenta años en activo. Ito en sus manifestaciones es consecuente con su forma de concebir la arquitectura como algo que fluye en el tiempo. Por el contrario, otro influyente arquitecto japonés Arata Isosaki propone la sustitución de los elementos dañados y la reconstrucción integral del edificio, dado que se puede considerar que se ha convertido ya en una representación cultural de un momento brillante de la cultura japonesa.

Ambos expresan los extremos de un debate muy interesante: el que se refiere a la protección cultural de la arquitectura contemporánea (aquella que, aun no alcanza el medio siglo). Y también hay que poner el énfasis en señalar que la arquitectura es una representación de la cultura material de las sociedades y, en consecuencia, éstas deben contribuir colectivamente de alguna manera a su mantenimiento, más allá de los intereses concretos de sus propietarios actuales.

Casa Cápsula de vacaciones que usa los mismos elementos que la torre Nakagin. K. Kisho Kurokawa, 1972
Más información:
Plantas Baja y Tipo
Secciones del edificio
Planta y Axonometría de  modulo de Cápsula

Espacio interior original de la cápsula proyectada

Localización en Google Maps


Ver Torre Nakagin en un mapa más grande

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