Recuperar el urbanismo de proyecto

La ciudad de Arrecife, capital de la isla de Lanzarote vista desde el aire. Foto: Wikipedia

La semana pasada ha tenido lugar en la isla de Lanzarote un encuentro de debate titulado La arquitectura como transformación del espacio público. En esos días se debatió el papel del urbanismo y la arquitectura en la renovación de la ciudad heredada, centrándose en la pequeña ciudad de Arrecife, capital de la isla.

Allí se hizo un repaso a las distintas aproximaciones para la renovación del espacio urbano, tanto desde la perspectiva más amplia relacionada con la planificación urbanística hasta lo concreto del proyecto urbano y la intervención artística puntual en las ciudades y el territorio. En este artículo se resumen desde una perspectiva personal algunas de las ideas y conclusiones que tal aportación de ideas ha producido.

Cartel de las Jornadas sobre La Arquitectura como transformadora del Espacio Público. Celebradas en Arrecife de Lanzarote, los días 16 y 17 de Abril de 2015

Desde hace algo más de medio siglo, la concepción metodológica ligada a la zonificación urbanística ha hegemonizado el discurso para el gobierno de las ciudades en España. De acuerdo a esta manera de actuar, de lo que se trata es de generar y repartir equitativamente aprovechamiento urbanístico en las distintas partes que componen los grandes conglomerados urbanos habitados. Esta manera de entender el desarrollo y crecimiento de las zonas metropolitanas españolas ha propiciado un crecimiento extensivo del espacio urbanizado sin que se haya logrado atajar la extensión de una especulación radical con el suelo que se ha cebado especialmente con los espacios periféricos situados alrededor de los núcleos tradicionales previamente existentes.

La zonificación, heredera del zoning anglosajón, lo que propone básicamente es una serie de operaciones geométricas de trazado viario conducentes a la asignación de usos y la generación de una edificabilidad disponible en los distintos recintos restantes que compondrán la ciudad. En primer lugar, de lo que se trata es de identificar y dividir el territorio geográfico disponible entre espacio público (calles, parques y plazas) y piezas edificables mayoritariamente privadas. A continuación, el plan urbanístico de zonificación se concentrará la asignación de usos urbanísticos específicos (residencial, terciario, industrial, etc.) para finalmente establecer el alcance del aprovechamiento edificatorio para esas piezas edificables o, eufemísticamente hablando, la concesión de unas intensidades de uso concreto a cada una de esas piezas.

Todo ello, aderezado con la implementación de unas reglas de juego orientadas a la intervención indiscriminada de los operadores privados que van a participar que van a participar en el juego inmobiliario subsiguiente. Las normativas urbanísticas que acompañan a los planes urbanísticos así concebidos son un instrumento que quiere ser preciso, pero que han acabado generando unos sistemas burocráticos de una complejidad sin precedentes que no están al alcance del común de los mortales. El control público de la especulación y la necesidad de encauzar la participación privada en la construcción y reforma de las ciudades ha ido generando así en nuestro país un corpus legal y normativo extensivo que exige hoy recurrir a multitud de especialistas en los proceso de transformación de la ciudad contemporánea.

En este proceso, la calidad de los espacios públicos, la funcionalidad global de la ciudad o la colocación y definición específica de los equipamientos, vías, plazas y parques ha ido derivando en un asunto secundario al que no se le presta la debida atención. La posible belleza de los espacios comunes o la calidad intrínseca de la arquitectura resultante se han visto sometidos a un esfuerzo de precisión y profundización constante de los recursos normativos que a la postre no han contribuido a generar una ciudad atractiva o, simplemente, funcional. Durante décadas se han ido progresivamente añadiendo requisitos técnicos de todo tipo para la autorización de las intervenciones sobre partes concretas de ciudad y territorios más amplios como los municipios. Por ejemplo, las llamadas evaluaciones ambientales estratégicas, los planes de movilidad urbana, los estudios de viabilidad económica, la catalogación del patrimonio arquitectónico, el estudio del impacto sonoro de las infraestructuras, etc.

Y, curiosamente, no ha importado conocer cuáles eran las formas urbanas resultantes de estos procesos técnicos y jurídicos. El carácter excesivamente complejo de las normas que se han creído necesarias para atenuar el ansía especulativa de los operadores inmobiliarios sobre los que iba a recaer la actuación real en la transformación de lo existente ha acabado sepultando la creatividad y una posible artisticidad del urbanismo. Se ha ignorado -consciente o inconscientemente- la importancia de contar con una visión de los resultados reales que los puzles urbanísticos establecidos iban a generar. El proyecto efectivo de la ciudad ha quedado oculto bajo una catarata documental que en nada ha contribuido a la calidad de los espacios finales. Proyectar significa tener una visualización previa de las formas y volumetrías de los espacios públicos y privados. Algo que antiguamente se solía concretar en maquetas en las que la disposición de los distintos espacios vacantes y los posibles resultados arquitectónicos se pudieran comprobar de una manera simple y efectiva.

Con este proceso se ha llegado a articular una parafernalia documental que ha logrado inhabilitar definitivamente en Canarias la transformación positiva de las ciudades desde el urbanismo. Al mismo tiempo, todo ello ha generado unas estructuras administrativas en los distintos niveles del estado que actúan en esta región -dedicadas al control de cuestiones parciales, con niveles competenciales muchas veces coincidentes y superpuestos- que no se caracterizan por su eficiencia ni transparencia. La inoperatividad creciente sufrida en las últimas décadas ha acabado por estrangular la mayor parte de las acciones que se pretenden efectuar sobre la ciudad y sus espacios.

Sin embargo, la ciudad es un fenómeno mucho más complejo que unas normas de relación. Ha adquirido sus formas y espacios como consecuencia, tanto de las condiciones físicas del lugar en que se asienta ,como de las tensiones generadas por los intereses de sus habitantes a lo largo de su historia. Es así, también, un fragmento geográfico que refleja en cada momento las condiciones económicas y culturales de una sociedad y se transforma debido a ello en el escenario especifico del alcance de las aspiraciones grupales, de las relaciones humanas efectivas y del intercambio de las ideas de ese colectivo humano concreto que la habita. Las instituciones sociales merecen un lugar y un tratamiento que exprese lo más elevado de sus ambiciones en una época en la que los monumentos son despreciados. Frente a ellas se alzan los poderes económicos que buscan el anonimato y ya no necesitan representarse sino por medios indirectos como la publicidad.

Es, por ello, un buen momento para reivindicar otra aproximación al urbanismo contemporáneo a realizar en estas islas. Aquella que valores lo colectivo y se ligue al proyecto concreto de ciudad y a la actuación parcial sobre ámbitos urbanos claramente delimitados.

Las brutales formas edificadas sobre la costa de Tenerife. Urbanización Radazul en el sur de la isla

En las Jornadas sobre Arquitectura y Espacio Público celebradas en Lanzarote se trató sobre estas cuestiones desde diversas perspectivas. Entre ellas, las que se refieren al contexto político institucional, la elaboración instrumental de los planes hoy en día, y, finalmente, las transformaciones urbanas alternativas que son factibles desde una visión meramente arquitectónica y/o artística.

Personalmente, introduje el debate desde la perspectiva del significado de la socialdemocracia como ideología política que adoptó -a comienzos del siglo XX- el planeamiento urbanístico como una herramienta importante orientada a la distribución de la riqueza. Un instrumento técnico que debía contribuir al bienestar colectivo mediante la provisión de bienes públicos esenciales para la mayoría de la población: aquellos tales como la vivienda, escuelas, hospitales, parques, etc. En mi conferencia Territorios Insulares Futuros ofrecí algunas ideas para recuperar esa contribución ideológica del urbanismo a la mejora del bien común en las ciudades.

Ana Isabel Ruíz, que intervino posteriormente como directora de la revisión del Plan General de Ordenación Supletoria de Arrecife , explicó el carácter concreto del documento que se tramita actualmente. Es un trabajo de análisis muy extenso y que tiene en cuenta numerosos aspectos parciales, tal y como hoy requiere la legislación aplicable. No obstante, en el se constató la ausencia real de un proyecto de ciudad más allá de las estrategias habituales ligadas a la zonificación que se han criticado más atrás.

Plan de Ordenación Supletorio de Arrecife. Propuestas estratégicas para la ordenación del futuro desarrollo urbano, 2011

Virgilio Gutiérrez explicó lo ocurrido con el proceso de intervención en la fachada marítima de la ciudad de Santa Cruz en la isla de Tenerife, a partir de un concurso internacional ganado en 1998 por los arquitectos suizos Herzog y DeMeuron. Su reflexión permitió comprender la degradación y abandono paulatino de las ideas radicales ganadoras del concurso y su progresiva sustitución por propuestas parciales fruto de la presión de los distintos grupos con capacidad de influencia en los asuntos relacionados con la decisión urbanística. Una idea global que hubiera mejorado notablemente el espacio de acceso a la ciudad desde el mar ha acabado sometida a una conformación funcional mediocre. la sucesiva intervención de los responsables de la autoridad portuaria, el diseño de carreteras y la gestión urbana local han abandonado definitivamente las propuestas arquitectónicas más transformadoras y que hubieran añadido urbanidad y valor a uno de los espacios públicos más importantes de la isla.

Propuesta ganadora del concurso para la remodelación del entorno del muelle de enlace y plaza de España de Santa Cruz de Tenerife. Herzog y DeMeuron, 1998
Solución actualizada para el proyecto del muelle de enlace de Santa Cruz de Tenerife. Herzog y DeMeuron, 2008

Luis Díaz Feria vino a recordar la colección de ensayos que el economista Ernst F. Schumacher publicó en 1973, enmarcados bajo el título Lo pequeño es hermoso. Economía como si la gente importara. En su presentación reivindicó las pequeñas acciones urbanísticas, casi de acupuntura, necesarias para la regeneración de entornos urbanos degradados. Lo ejemplificó recurriendo a la presentación de un asentamiento marginal de la India al que se podría mejorar simplemente con pequeños elementos como plantaciones de arbolado, añadidos arquitectónicos y piezas de urbanización sencillas. Según su planteamiento, la aplicación de pequeñas ideas de proyecto pueden llevar a una transformación radical de la ciudad por acumulación. Establecía así la necesidad de un cambio en la orientación hacia un urbanismo “como si la gente importara“.

Propuesta ganadora del concurso de ideas para la remodelación del centro cultural El Almacén y su entorno en Arrecife de Lanzarote. Luis Díaz Feria y Acta Arquitectura, 2006

Ildefonso Aguilar y Juan Gopar reivindicaron el papel esencial del artista en la recualificación del espacio urbano. Para ello, mostraron numerosos ejemplos internacionales y locales de intervenciones artísticas regeneradoras basadas en una concepción sui generis de la escultura y el tratamiento paisajístico de los lugares. Finalmente, mostraron su humilde contribución a mejorar la calidad de las infraestructuras viarias de la ciudad de Arrecife mediante una tratamiento diferente de sus márgenes y elementos más significados. Frente a las estrategias habituales en la ingeniería, relacionadas con la plantación indiscriminada con flora autóctona y esculturas de escasa calidad, proponen una sensibilidad diversa en el tratamiento de esos espacios tan maltratados habitualmente. Allí han delineado un concepto artístico basado en el uso heterogéneo e inteligente de esos mismos elementos y materiales habituales en la cultura tradicional de la isla.

Tratamiento de la rotonda de Tahiche de acuerdo al proyecto para la ampliación de la vía de circunvalación a Arrecife de Lanzarote. Canarias 3D

Es necesario cambiar la estrategia de intervención en las ciudades españolas, recuperando una acción que suponga cambios efectivos frente a la concepción de planificaciones a muy largo plazo que, a la postre, se demuestran irrealizables e ineficaces. Lo ocurrido en las últimas décadas en la ciudad de Barcelona es un ejemplo recurrente en este sentido alternativo. Su Plan General Metropolitano es un documento de 1976 que ha podido actualizarse positivamente mediante sucesivas y constantes modificaciones parciales sin tener que redefinir globalmente sus propuestas a cada paso.

Uno de esos esfuerzos efectivos que han mejorado notablemente la capital de Cataluña en las últimas décadas, es el que impulsó Oriol Bohigas en su etapa como Delegado de los Servicios de Urbanismo del Ayuntamiento de Barcelona. A comienzos de los años 80, este arquitecto metido a político daría un vuelco a la concepción del urbanismo catalán introduciendo un catálogo masivo de pequeñas actuaciones sobre los espacios urbanos de la ciudad. En el libro que resumía ese esfuerzo, decía Bohigas entonces:

El aspecto anticipado por el Plan General Metropolitano es la voluntad de aproximarse a un proyecto “trazado”. Pero hay que reconocer que este intento cuenta con un número tal de contradicciones que se convierte a menudo en una propuesta inviable o contraproducente. El “trazado” y el “proyecto” en un ámbito tan grande y tan complejo como la propia ciudad no llegan casi nunca a tener la precisión definitiva necesaria para ser un instrumento operativo: el plan suele superar el carácter indicativo o conceptual de los viejos planes que no pueden funcionar como decisiones reales de proyecto.

 Es una conclusión interesante e irrebatible que indicaba una necesidad ineludible: habría que volver a la idea del proyecto urbano como generador de verdadera transformación de las ciudades. En un momento en que el crecimiento poblacional de las islas está en cuestión, y frente a la redacción infinita de documentos urbanísticos orientados a la planificación de la ocupación de más suelo en las periferias, el urbanismo se debería orientar a la realización de proyectos concretos en aquellas innumerables partes de la ciudad que necesitan urgentemente de acciones de regeneración.

Y es que además se descuida mucho la manera en que se efectúan esos trazados a los que alude Bohigas. Un mal plan de urbanización se caracteriza ante todo por un mal trazado. Ello, teniendo en cuenta que el trazado urbanístico se refiere esencialmente a la relación geométrica entre el tamaño de las calles y la disposición de la edificación en las superficies edificables. En una parte significativa de casos recientes, esa correspondencia falla: o bien por desconocimiento de las dimensiones reales de los distintos tipos edificatorios que se zonifican o también por no haber pensado cual es el tamaño de la sección y los elementos concretos en los viarios que se proyectan. En Canarias, el resultado de la experiencia de planificación urbana, aquella llevada a cabo en las últimas décadas, no puede ser más catastrófico a este respecto; lo que se acentúa cuando los redactores de documentos urbanísticos tampoco suelen tener en cuenta la difícil orografía de algunas islas. Y, debido a ello, han ido surgiendo unos paisajes territoriales -a caballo entre lo rural y lo urbano- cuyas formas construidas presentan un desorden apabullante y falto de armonía con lo geográfico.

Disgregación de la edificación en la difícil topografía del norte de Tenerife. Vista de la urbanización La Baranda en el municipio del Sauzal

Hay otros asuntos que merecerían una especial consideración ya que no se les suele prestar la atención debida. Como los que se refieren, por ejemplo, al problema de las deficientes catalogaciones de inmuebles o los ámbitos de gestión irresueltos en los planes urbanísticos vigentes en Canarias.

En lo que se refiere a esta última cuestión, a lo largo de las últimas décadas se han generado cientos (quizás miles) de recintos urbanísticos que han quedado bloqueados a la espera de una ulterior gestión. Son los llamados sectores urbanizables y ámbitos de suelo no consolidado, espacios que requieren de acciones muy concretas y que comportan procesos reparcelatorios para llegar a transformarse en fragmentos plenamente homologables incrustados en lo urbano ya asentado.

Lo cierto es que estas superficies no acaban nunca de transformarse debido a los problemas derivados de la propiedad del suelo. Los propietarios del suelo no suelen acometer su gestión por diversas razones, entre las que tiene que ver su pequeña entidad generalizada. Las estructuras administrativas y de gobierno urbanístico en los Ayuntamientos deberían orientarse a asumir un papel proactivo para lograr esa transformación pensada hace ya mucho tiempo. Necesariamente, son procesos que requieren de un gran esfuerzo técnico, jurídico y de mediación entre propietarios diversos para lograr desatascar situaciones enquistadas en gran medida.

Hoy por hoy los ámbitos de gestión remitida al futuro que han diseñado numerosos planes urbanísticos vigentes, son agujeros negros de la ciudad que constituyen verdaderos espacios de fealdad y abandono. Y, por tanto, requieren de una actuación decidida de nuestras autoridades urbanísticas que no acaba nunca de abordarse. Desgraciadamente, la gestión necesaria de esas áreas abandonadas, generalmente en los centros de las ciudades, no se ajusta a los periodos y plazos a los que acostumbra la actividad política.

A la vista de las ideas esbozadas en este texto, es preciso alentar a un cambio de visión en los planeamientos urbanísticos habituales si se desea realmente una transformación positiva de las ciudades canarias en el siglo XXI. Una visión de proyecto urbano concreto orientada a regenerar los espacios heredados en un momento en el que no se presume un crecimiento de su tamaño en los próximos años.
Interior del Archivo Municipal de Arrecife. Luis Díaz Feria, 2007

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