Sede de Bellas Artes en La Laguna


En 2003, el equipo de arquitectos tinerfeños GPY Arquitectos  (Juan Antonio González, Félix Perera y Urbano Yanes), ganaba el concurso convocado para proyectar el edificio de la nueva facultad de Bellas Artes de la Universidad de La Laguna, en la isla de Tenerife. Era una propuesta que se basaba en una configuración formal muy sugerente que establecía una diferencia radical con el resto de ideas presentadas.

Aquel esquema arquitectónico se describía a través de un dibujo tridimensional formado por una serie de láminas superpuestas y compuestas por perfiles horizontales que definían la idea de edificio a modo de desarrollos ondulantes ordenadas según diversas espirales. Esas láminas que serpenteaban en la parcela sugerían el conjunto de fachadas interiores y exteriores que encuadrarían los espacios utilizables y que iban rotando para conformar diversos patios interconectados.

El edificio de la nueva Facultad de Bellas Artes en el entorno del área metropolitana de Santa Cruz de Tenerife. Foto: Roland Halbe

Doce años después de aquella primera iniciativa para sustituir la muy deteriorada sede antigua, ha conseguido culminarse un gran edificio. Ha sido un esfuerzo colectivo que ha superado numerosas dificultades de todo tipo, de emplazamiento, técnicas y económicas, etc. Lo que era una idea en bruto se ha convertido así en una magnífica pieza de arquitectura con capacidad suficiente para permitir el despliegue y consolidación de los tres grados universitarios en que se ha subdividido la primitiva facultad y con los que ha arrancado este curso 2014-2015. Estos serán en su conjunto un nuevo tipo de enseñanzas en Canarias, ligadas a las Bellas Artes. En esta nueva infraestructura se van a impartir también desde ahora las especialidades de Diseño Gráfico y Conservación y Restauración de Bienes Culturales.

A lo largo de los años, el proyecto inicial ha sufrido una evolución formal evidente, desde las ligeras láminas concebidas en la propuesta de concurso a, finalmente, unas fachadas más masivas compuestas por potentes pantallas en voladizo que dejan unas pequeñas franjas intermedias para la iluminación. Esta especie de tallarines de hormigón, alineados en curvas paralelas, permiten el control de la fuerte incidencia del soleamiento que existe en el lugar; sobre todo en lo que se refiere a las vertientes sur y oeste. La disposición del edificio exento sobre una gran parcela rodeada de espacios libres y grandes vías de comunicación establece una excepcional accesibilidad para los estudiantes y profesores. Una condición que ha quedado incrementada con la construcción en años pasados de la línea 1 del tranvía metropolitano.

Esquemas tridimensionales desarrollados en la propuesta de concurso y proyecto

Se ha generado un edificio inmenso que tiene una superficie superior a los 30.000 m2 y un despliegue de más de 7 kms. de pasillos. Cada especialidad artística dispone de espacios generosos en los que mantener lugares tanto destinados a taller como para realizar clases teóricas. Todos los profesores cuentan también con sus respectivos despachos de trabajo individual y otros servicios de apoyo. Los espacios de trabajo y enseñanza se han proyectado para permitir una máxima flexibilidad, permitiendo divisiones y reagrupamientos diversos mediante tabiques móviles que facilitan el ajuste de las superficies disponibles al tamaño del alumnado de las distintas especialidades en cada curso.

Espacios interiores destinados a aulas modulares para prácticas artísticas. Facultad de Bellas Artes de La Laguna. GPY Arquitectos, 2014. Foto: Roland Halbe
Espacio concebido para la realización de exposiciones relacionadas con el alumnado. Facultad de Bellas Artes de La Laguna. GPY Arquitectos, 2014

Sorprende la magnitud y altura (superior a los 8 metros) de los espacios destinados a taller, así como la luz tamizada que ofrece el sistema de fachadas dobles definidas por láminas de hormigón y los cerramientos interiores conformados con piezas de cristal translucido U-Glass. Ambos son los escuetos materiales básicos con los que se define la expresividad del conjunto y se ha compuesto la totalidad de la obra en un alarde de austeridad constructiva.

Esta nueva infraestructura universitaria cuenta también con aquellos otros servicios y espacios de apoyo necesarios, tales como oficinas de administración y dirección, salón de actos y para exposiciones internas y abiertas al público. En este último caso, accesible directamente desde el exterior. También con una coqueta biblioteca que disfruta de la prodigiosa luz que se genera y además del paisaje del campus universitario en que se sitúa el edificio.

En las actuales circunstancias de excesivo recorte de recursos para la enseñanza, la propia universidad de La Laguna ha consumido con esta obra sus ya escasas reservas para poder culminar los trabajos. Es también el resultado de la política de recortes colectivos que padecemos. Esto ha significado que muchas partes del conjunto hayan quedado sin poder incorporar el necesario amueblamiento y ello ha llevado también al reciclaje masivo de los recursos materiales que disponía la antigua sede sin que se hayan podido añadir elementos nuevos. Así, la amplia sala de conferencias no cuenta todavía con butacas ni elementos de apoyo audiovisual; ni tampoco se podrán celebrar exposiciones al carecer del utillaje de apoyo preciso. Lo que se supone que se irá completando en los próximos años cuando mejore la capacidad financiera de nuestra comunidad y los responsables de la enseñanza pública dispongan.

Considerando la magnífica y espectacular idea de arquitectura llevada a cabo, cabría hacer no obstante algunas objeciones al resultado final. La principal tiene que ver con la radicalidad del planteamiento formal, relacionados con las directrices circulares que definen la composición general. Este esquematismo, coherente con la expresividad buscada y llevado hasta sus últimas consecuencias, ha producido una dificultad generalizada en el acomodo y adaptación en el aprovechamiento de los espacios. Por ejemplo, debido a ello, los despachos destinados a los profesores y los recintos ocupados por oficinas y administración tienen problemas notables en la disposición del mobiliario de usabilidad.

Uno de los patios interiores ajardinados del edificio

Otra cuestión significativa que puede ser censurable es el despliegue de los espacios de encuentro y trabajo colectivo alrededor de inmensos patios, lo que ha originado un exceso de pasillos y espacios de relación. La descomunal longitud de estos elementos va a generar una sensación de ausencia de sentimiento comunitario. Probablemente, sus casi mil alumnos y el centenar de profesores que componen hoy este centro universitario van a sentir al principio un cierto desamparado ante la inmensidad de los espacios con que cuentan. Es, debido a ello, un edificio que sugiere la soledad a sus usuarios. Ello se agrava con el carácter ventoso del lugar que no contribuirá a aprovechar las superficies ajardinadas interiores y a la sensación de poco confort.

Patio interior del edificio. Foto: Roland Halbe

Analizando el esfuerzo inversor (superior a los 34 millones de €) y el gigantesco espacio disponible se puede deducir un ratio de más de 30 m2 por alumno. Se hace evidente así la escasa compacidad de la obra. En ella, todo es extremo, los largos recorridos, las altísimas aulas, etc. Probablemente, todo esto sea muy necesario en la mente de sus promotores y diseñadores. Sin embargo, si se considera que una reducción del 20% de superficie disponible mantendría todavía una generosa proporción de 25 m2 por alumno, se habrían podido conseguir otros objetivos valiosos en la persecución de una enseñanza de calidad. Primero, se podría haber contado con siete millones de €uros para destinarlos a la compra de libros, equipos de proyección, material de apoyo artístico y un amueblamiento más digno que el que ha supuesto el reciclaje del disponible por la facultad anteriormente.

Todo ello, nos indica la propensión y el enorme atractivo que tiene la arquitectura como instrumento para la reafirmación de la gestión política y la venta mediática las acciones concretas. En definitiva, una triste tendencia que se ha consolidado en los últimos tiempos y nos lleva a construir una monumentalidad innecesaria. Aquella que apoya un relato de lo social que sigue induciendo a una ineficiencia creciente en la administración de unos recursos cada vez más escasos.

A pesar de estas objeciones, el nuevo edificio de Bellas Artes de la universidad de La Laguna es una magnífica instalación que abre una increíble ventana de oportunidad para sus profesores y alumnos. No hay otra instalación con unas posibilidades semejantes en el conjunto del estado español, permitiendo un acogimiento e intercambio internacional extenso de alumnado así como un crecimiento futuro de la oferta de enseñanza que se propone hacia el exterior del archipiélago.

 Más información:

GPY Arquitectos. Página oficial de la oficina de arquitectura

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