La arquitectura que desaparece


A lo largo de la historia, una de las aspiraciones de aquellos que se dedican a hacer arquitectura se ha centrado en lograr superar las leyes naturales de la gravedad. Así, los edificios se han ido elevando hacia el cielo en una aspiración metafórica de llegar a ocupar el territorio de los dioses. Algo parecido es lo que ha pretendido el equipo londinense Two Islands con su proyecto ganador del concurso internacional Flat Lot (Parcela Plana) en Flint, Michigan (EEUU), convocado por la sección local del American Institute of Architects.

En la Casa de Mark, Two islands propone una figuración ilusionista de arquitectura flotante que se enmascara eficazmente en su emplazamiento para expresar el abandono y la desaparición masiva de barrios enteros, ocurrida recientemente en el entorno de la ciudad de Detroit.


La propuesta de concurso trataba del diseño de un pabellón temporal situado en una superficie vacía de aparcamientos existente en el centro de la ciudad de Flint. La idea de los ganadores del concurso, se impuso sobre más de cuatrocientos participantes provenientes de 35 países.

El equipo Two islands ha planteado su diseño en el contexto recesivo y de degradación urbana progresiva que sacude al área metropolitana de Detroit en los inicios del siglo XXI. Un territorio en el que el urbanismo significa la desaparición paulatina de la ciudad y su sustitución por restos edificados dispersos junto a espacios intermedios que recuperan la vegetación natural. El retroceso progresivo de la industria del automóvil americana que tenía allí su sede, ha originado una decadencia masiva que los representantes políticos no han sabido ni podido atajar hasta el momento. El centro de Detroit es actualmente un lugar de abandono en el que los monumentos han sido destrozados y dejados a su suerte para prefigurar una anticipación de un futuro apocalíptico.

En Flint, Michigan, uno de los barrios suburbiales más significados para la historia del lugar, poco a poco se han ido desvaneciéndose las construcciones hasta llegar a generar una ciudad fantasmagórica, habitada por los espectros de un pasado glorioso hoy irreconocible. Según estimaciones de los arquitectos, más de 2000 casas han desaparecido en las últimas décadas. Con ello, no solo se han destruido las estructuras físicas sino que se esfuman recuerdos y memorias de una gran parte de la población preexistente que ha emigrado a otros lugares. El proyecto Two Islands pretende de alguna manera evocar este proceso destructivo creando una estructura evanescente que parece flotar y finalmente desintegrarse en el entorno en que se sitúa. Es la reproducción figurada de una construcción cualquiera demolida, la casa de un posible Mark Hamilton, antiguo habitante de un edificio arquetípico de estilo Tudor que se ha tirado. En las palabras del también ficticio Hamilton, que acompañaban, a la propuesta presentada, no solo se han ido la madera, los ladrillos y el cemento sino también los recuerdos y la memoria:

Como familia nos hemos mudado. Dicen que los recuerdos se heredan, mantenidos cuando recordamos a nuestros padres. Sin embargo, allí se desmigajan con las paredes desaparecidas. La balaustrada a la que yo difícilmente me asomaba cuando empezaba a crecer, que crujía entonces con mi peso, no podrá recordarme más las reparaciones de carpintero que hacía mi padre.

Ya no podré evocar su amable naturaleza, cuando me sentaba en el rellano del final de la escalera. Y otro año pasará, y otra habitación irá desapareciendo de mi memoria ya que la casa no existe más.


La instalación que se ha realizado, bautizada como Mark’s House, se compone de una forma prismática sobre elevada que contiene un volumen a dos aguas y que se apoya sobre una base rectangular más reducida desde la que se proyecta masivamente en el aire. Toda la construcción está recubierta con paneles de acero inoxidable pulido que reflejan el entorno actuando como un sistema de espejos. A su vez, la sombra que se genera produce una sensación de ingravidez volumétrica de ese supuesto edificio evocado, como un fantasma que parece flotar sobre el terreno. En el falso techo del voladizo se han situado decenas de pantallas que muestran imágenes de otras tantas y múltiples construcciones desaparecidas así como las caras de aquellos que han contribuido a que se pudiera realizar esta obra. La construcción alberga también en su interior un depósito de agua e instalaciones que permiten generar una niebla artificial que se proyecta sobre los espectadores situados alrededor, en momentos determinados como la realización de eventos y actuaciones. Este edificio singular permaneció abierto allí lo largo del verano de 2013.

Resulta curioso como esta obra escultural, de componente más bien estética y artística, prolonga su efecto arquitectónicamente al generar un recinto habitable y usable. Mark’s House representa esa contaminación reciente entre escultura y arquitectura en la que la primera aspira a generar espacios penetrables utilizando los recursos técnicos y compositivos de la arquitectura. Enlaza también con esa aspiración a la ingravidez a la que se ha venido tendiendo históricamente.

En el desarrollo histórico de las culturas, los edificios han ido separándose progresivamente del terreno. Así durante el siglo XX, la arquitectura más representativa del llamado Movimiento Moderno huye de una manera indirecta del zócalo y del inevitable contacto directo con el suelo, situando las construcciones sobre elevadas mediante plataformas o estructura de pilotes que quedan ocultas bajo la sombra de la masa construida superior: Algo así ocurre en la Casa Farnsworth de Mies en el primer caso o la Villa Savoie de Le Corbusier en el segundo. Los arquitectos han recurrido así a una suerte de subterfugio para realizar un acto casi mágico, lograr que las construcciones floten encima del paisaje.


Tal y como reconoce, José Antonio Sosa en su magnífico ensayo Contextualismo y Abstracción, en el curso de los siglos las relaciones entre suelo, paisaje y arquitectura ha ido modificándose progresivamente. Tomando como ejemplo la interpretación del Walhalla de Regensburg -esa réplica del Partenón que el arquitecto alemán Leo von Klenze construyó en 1842- dice:

Para los griegos el templo podía haber sido una pieza más, un elemento en la composición del témemos, del conjunto, con un valor arquitectónico parcial frente a la composición general. Sin embargo, la relación entre témemos y templo se produce mediatizada por el paisaje. El templo “mira” o “señala” su espacio sacro en la naturaleza.

En el caso del Walhalla la cuestión es otra. El edifico ya es un monumento, un objeto que remata la composición paisajística. Es parte de una composición que excede de sus valores intrínsecos.

Pero las aspiraciones de los arquitectos han sido las de ir más allá de esta estrategia de interacción con el paisaje que da sustento a sus edificios para crear espacios de relación con lo inasible. Como diría Le Corbusier en el segundo tomo de su Modulor:

Los dioses actúan detrás del muro. Yo no tengo medio de hacer como ellos, puesto que por definición no soy más que un hombre

El leve vuelo de la Unité d’Habitation de Firminy. Le Corbusier, 1967. Foto Ken Ohyama, Flickr

Así la obra última del arquitecto suizo parece haberse ido separando disimuladamente del suelo en una vocación de ingravidez. Por ejemplo, en las conocidas Unidades de Habitación, la relación entre paisaje y arquitectura se produce bajo una independencia supuesta de los edificios del entorno en que se sitúan. Ya no cuentan con los clásicos zócalos o las columnas se apoyan en basamentos sino que se tratan de escamotear esa relación física, pareciendo que así se busca una relación más directa con el cosmos. Se estaría volviendo así a unas estrategias de dialogo universal, casi sagrado, que se remontan a la prehistoria de la humanidad.

Como ocurre desde otra perspectiva más simplista en la instalación de Two Islands que se comenta. La separación progresiva del edificio respecto al soporte que lo liga con el terreno ha sido un proceso intuitivo que parece alcanzar el más alto grado de disolución con esta propuesta para la ficticia Casa de Mark Hamilton.

Más Información:

Proyecto Mark Hamilton’s House. Two Islands
Two Islands Project in Michigan. Design Boom

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