El agua, una fuente de energía infinita

POR UN PROVECHOSO AÑO 2015

Salto de agua en el bosque de los Tilos. Una fuente hidráulica para la producción energética que ya se usa en la isla de Isla de La Palma. Foto: Luis M. Martín Lorenzo

El futuro de los sistemas energéticos insulares está en lograr la autosuficiencia aprovechando las fuentes renovables, consiguiendo sustituir los métodos de producción que se apoyan combustibles fósiles. Un objetivo razonable que encuentra múltiples reticencias y obstáculos desde hace muchos años.

Hoy en día, la contribución energética proveniente de recursos renovables, es decir aquella que provienen de fuentes no minerales como las que se relacionan con la fuerza del agua, la insolación solar o el esfuerzo de los vientos, solo representan el 21% del total mundial. Y de ellas, la solar y eólica solo alcanzan a aportar el 3% de la oferta global de energía. Además el sistema productivo eléctrico existente, aquel relacionado con los combustibles fósiles, está concebido mediante la concentración en unas pocas plantas que distribuyen mediante redes complejas a larga distancia a una infinidad de usuarios induciendo situaciones de oligopolio y extracción parasitaria e ineficiente de rentas.

Sin embargo, es preocupante que esta situación se mantenga sin cambios relevantes en el tiempo. es preciso asumir definitivamente que el problema del calentamiento global viene producido por esta forma de producción energética basada en la combustión y está indicando la insostenibilidad del sistema a medio plazo. Cada vez, las sociedades son más conscientes de que es inaplazable la necesidad de hacer una transición que atenúe los efectos de los cambios en el clima que se están induciendo y que tienden a transformarse en irreversibles. Se trata de pasar de sistemas centralizados y que usan combustibles como el nuclear, el carbón, el gas y el petróleo, a unas producciones energéticas diversas ampliamente distribuidas y cercanas a los puntos de consumo. Una producción energética basada en recursos renovables y ampliamente disponibles gratuitamente como el agua, el sol y el viento y que no puedan ser aprovechada por grandes conglomerados multinacionales en beneficio de unos pocos.

Teniendo en cuenta lo anterior, las islas y los archipiélagos son un espacio experimental privilegiado para efectuar esta transformación con rapidez. Son territorios de primer orden en este objetivo, con las mejores condiciones para estudiar cómo se debe hacer ese proceso transicional a una escala reducida. Unos pequeños laboratorios energéticos que deben situarse en la vanguardia de la investigación y la propuesta de soluciones. Como ha ocurrido ya en la isla del Hierro en el archipiélago canario. Y, a partir de ahí, tratar de replicar esas estrategias tecnológicas en los espacios continentales más amplios.

A este respecto, las islas Canarias ofrecen una gran ventaja geográfica, teniendo en cuenta sus inmejorables condiciones para la disposición del sol y el viento que se deben en gran parte al efecto climático benigno de la corriente del  Golfo. Y ello puede ser un sector económico de vanguardia tecnológica que impulse la investigación y la exportación de servicios.

Más información: El futuro de la energía en las islas. ISLAS Y TERRITORIO

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