Cobijo para ascetas

160702_Pawson_NovyDurMonastery_Int01Vista del claustro del monasterio cisterciense de Nový Dvur. John Pawson, 2004

Una de las grandes preocupaciones sociales de la arquitectura y el urbanismo en los comienzos del siglo XX fue la determinación de la unidad mínima habitable. Así mientras algunos fijaron su atención en establecer el espacio necesario para albergar a las familias trabajadoras, otros plantearon una visión más radical a la identificación el recinto construido básico para el individuo.

En relación a esta aspiración, la práctica del ascetismo ha originado históricamente todo un repertorio radical de formas mínimas de habitar relacionadas con el aislamiento de las personas de la sociedad con fines de perfección religiosa. Desde los ermitaños y anacoretas que se retiraban a cuevas en los desiertos hasta la habitación del monje sujeto a la estricta regla vital del monasterio pasando por los cenobios o lugares de reunión para aquellos que deciden vivir juntos compartiendo oración y soledad.

La austeridad y la regla como forma de vida del monacato, aquella que supone una renuncia al disfrute de los bienes disponibles ha inducido a lo largo de los siglos unas arquitecturas que han impresionado desde un punto de vista moral y estético. Son espacios que impresionan por su austeridad y sencillez. En algunos casos, como espacio adaptado a las aspiraciones ideales del puritanismo, como le ocurre a Le Corbusier. O en otros como exaltación estética de la expresión minimalista como representa más recientemente el monasterio diseñado por John Pawson.

 

 

160702_CartujaEma_PLNPlanta general de la Cartuja de Ema. Galluzo, cerca de Florencia

Le Corbusier siempre tuvo en mente a los monasterios como el lugar en el que mejor se expresaba esa tendencia a la mínima necesidad del habitar, consecuente con el desprendimiento de los bienes terrenales. En su Viaje a Oriente el maestro suizo ya describe con emoción este carácter simbólico moral de una arquitectura del recogimiento, en su primera visita a la cartuja de Ema hacia 1907, situada en las cercanías de Florencia. En ese texto expresa la admiración causada por la simplicidad extrema de aquellos básicos espacios monacales:

En aquel paisaje de la Toscana, vi una “ciudad moderna”, que coronaba una colina. la más noble silueta en el paisaje, la corona ininterrumpida de las celdas de los frailes; cada celda tiene una vista sobre la llanura y tiene salida a un jardincillo en pendiente completamente cercado. Creí no poder encontrar nunca más una interpretación tan alegre de la vivienda. La puerta trasera de cada celda se abre a una puerta y un portillo y da a una calle perimetral. Esta calle está cubierta por un arco: es el claustro. Por ahí funcionan los servicios comunes -el rezo, las visitas, la comida, los entierros.

Esta “ciudad moderna” es del siglo XV. La visión radiante me quedó fijada para siempre.

160703_CartujaEma_Celda_PLNDistribución espacial de la celda tipo en la Cartuja de Ema

Aquellas impresiones juveniles sobre unos espacios a los que retornaría, le servirían a Le Corbusier para concebir al cabo de varias décadas las escuetas celdas para su diseño para el monasterio de La Tourette. Allí el espacio se comprime y reduce a la mínima expresión para establecer una íntima introspección del monje que ha decidido dedicar su vida al ascetismo. El jardín particular de las celdas de Ema queda aquí reducido a un mínimo balcón que proyecta el espacio interior hacia el paisaje colindante, una ladera herbácea delimitada por una densa arboleda que actúa como fondo natural para la meditación. La unidad mínima habitable de Le Corbusier es aquí sumamente estrecha y restringida como corresponde a aquel que busca la ascesis a través de la comunión con sus iguales. Para el arquitecto, la vida del monje se expresa a través de la regla y ésta es la de la comunidad monacal, la existencia compartida con otros. El espacio privado pasa a un segundo plano y deja por ello de tener importancia.

Una interpretación más radical en este interés por la habitación mínima habitable se produce en la convulsa Alemania de entreguerras vapuleada por la lucha entre facciones ideológicas extremadamente opuestas. Es un momento en que lo colectivo tiene preeminencia para algunos inspirados en el marxismo. Para ellos, la sociedad solo se concibe intelectualmente desde la cooperación. Y la expresión espacial de este colectivismo tiene que definirse también desde la austeridad de medios y superficies disponibles. Como propondría Hannes Meyer a través de su revolucionaria posición personal a favor del diseño colectivo. Para Meyer, director por un corto periodo de tiempo de la Bauhaus, la cooperación entre los individuos era la alternativa intelectual más adecuada en un mundo corroído por el individualismo. En un artículo titulado Die neue welt (El mundo nuevo) señala “la cooperación rige el mundo. La comunidad gobierna al individuo“.

 

160702_MeyerHannes_GanteCoopRoom_1924Instalación realizada de la Coop Zimmer. Hannes Meyer, 1926

En el caso de la arquitectura, Meyer opta para alcanzar esa aspiración por la proposición de espacios extremadamente austeros, casi vacíos y desprovistos totalmente de elementos innecesarios que evidencien la “ridícula domesticidad y confortabilidad burguesa“. Como ocurre con la radical propuesta de la Coop Zimmer de 1926, una idea de celda habitable presentada por Hannes Meyer a la búsqueda del “existenzminimum” y del igualitarismo más extremo. Es una instalación demostrativa de una simpleza apabullante de la que solo se conserva una imagen en blanco y negro. Se trata de dos planos perpendiculares de tela a modo de paredes que conforman una idea de espacio en el que se presenta un camastro rectangular formado por un marco de tubería y una estera que se apoya en unos simples conos, dos sillas plegables, un gramófono y una escueta estantería en la que se alinean unos frascos de cristal.

 160702_KaravanD_WalterBenjaminMemorial_Portbou_02Monumento a Walter Benjamín en Portbou, Cataluña. Dany Karavan, 1994

Aquel era un espacio de una austeridad monacal en el que solo puede tener lugar el descanso cotidiano y los encuentros esporádicos con algún otro individuo. La inclusión del gramófono sería una metáfora inclusiva del interés personal por la cultura y el arte en esa manera de habitar primaria. El grueso de la vida del individuo usuario se concibe en un exterior imaginado, la ciudad como oferta para el encuentro colectivo y la cooperación extrema. Es algo que algunos intelectuales de ese momento experimentan en toda su crudeza. Por ejemplo, para Walter Benjamín, en un momento en que el filósofo berlinés sufría graves privaciones, la pobreza material no implica indigencia intelectual sino gratificaciones de otro orden. En “Experiencia y pobreza” nos presenta ese momento inundado de información que surge tras la Gran Guerra cuando escribe:

Una pobreza del todo nueva ha caído sobre el hombre al tiempo que ese enorme desarrollo de la técnica. Y el reverso de esa pobreza es la sofocante riqueza de ideas…la pobreza de nuestra experiencia no es sino una parte de la gran pobreza que ha cobrado rostro nuevo. ¿Para que valen los bienes de la educación sino no nos une a ellos la experiencia? Y adónde nos conduce simularla o solaparla es algo que la espantosa malla híbrida de estilos y cosmovisiones en el siglo pasado nos ha mostrado con tanta claridad que debemos tener por honroso confesar nuestra pobreza. 

150511_PVittorioAureli_UniteHabitationTallin_2013_PRP
Propuesta de Unidad de Habitación para Tallin. Pier Vittorio Aurelli y Dogma, 2013

Unas palabras que nos suenan cercanas hoy, en un momento en que la híper abundancia de imágenes, noticias y entretenimiento nos apabulla constantemente. Y que, sin embargo, enmascaran por un lado una creciente pobreza generalizada de bienes básicos para la mayoría de la población; y por otro, nos impide el silencio y la reflexión sosegada que nos pueda conducir como contrapartida a una mayor riqueza de experiencias vitales ciertas y tangibles.

Como señala Pier Vittorio Aurelli en “Menos es suficiente” – un texto que significativamente carece de imágenes- el ascetismo que se expresa en la vida monacal es hoy -atendiendo a lo argumentado anteriormente- una forma extremadamente revolucionaria de cuestionamiento de las condiciones sociales, políticas y económicas imperantes. Un rechazo que solo puede ser unipersonal y que se basa en la búsqueda de una manera diferente de experimentar la propia vida. De acuerdo también a Nietzsche (citado por Aurelli) el control de uno mismo que surge de ese planteamiento ascético implica una condición fundamental para ejercer positivamente el poder político. El que se desprende y ejerce desde la renuncia a los bienes materiales y a la propiedad privada tal y como fuera concebido por las ordenes monásticas tiene una posibilidad de instituirse en el liderazgo de masas desde una posición de mayor autoridad.

160702_Corbu_Tourette_PRP4Dibujo preparatorio del proyecto para el convento de La Tourette en L’Arbresle, Lyon. Le Corbusier, 1954

160717_Corbusier_LaTourette_CeldaVista desde el interior de una de las celdas del monasterio de la Tourette.

Algo que surge sorprendentemente también en San Francisco de Asís con su reivindicación de la “Altíssíma Paupertas“. Una forma de superación personal que desde la pobreza extrema puede conducir a la máxima espiritualidad a través de la renuncia a los bienes materiales. El filósofo italiano Giorgio Agamben ha profundizado en estas ideas en su libro Altísima pobreza, buceando en los textos de los patriarcas monásticos. En la interpretación de Agamben, en 1269 Buenaventura esta posiilidad la expresa en su “Apología pauperum” como respuesta a las críticas de los seglares al monacato: Aquel monje distinguía cuatro posibles formas de relación con las cosas: la propiedad, la posesión, el usufructo y el simple uso. De todos esas maneras de relación humana con objetos y bienes solo el uso simple es absolutamente preciso para el despliegue de la vida de los hombres. Surge así una separación necesaria entre la propiedad y el uso en una existencia colectivizada en el que la primera solo puede corresponder a un orden superior (en el caso del monacato y las ordenes mendicantes, a la iglesia); y el segundo es posible temporalmente entre los individuos. Se cuestiona así radicalmente la necesidad del capital como propiedad privada de los bienes, autoasignada por algunos frente a la mayoría de usuarios.

Así, el ascetismo y su correlato arquitectónico es una manera de cuestionar eso que el sistema capitalista impone masivamente y que se basa en la propiedad privada. Es una propuesta colectivista que permitiría dedicar el tiempo vital a una búsqueda diferente en el ejercicio de la propia existencia más allá de la acumulación de bienes. Un rechazo personal e intransferible de los mecanismos de dominación y poder. Sin consumo y sin propiedades, la imposición de la economía sobre la vida individual queda subvertida. Otra utopía que, sin embargo, es posible realizar individualmente. De ahí su carácter revolucionario.

El último ejemplo arquitectónico que ha abordado esa manera de colectivización ha sido el convento de la Tourette de Le Corbusier. Allí, el maestro suizo plantea su visión radical. El monasterio es “una arquitectura de la verdad” y frente al “todo en piedra” histórico es “la hora del beton brut“. Esta es una obra crepuscular donde surgen los fantasmas del pasado acumulados a lo largo de décadas de colecta inspiradora: desde la presencia monumental de los espacios de la historia hasta la interpretación formal de la música en la composición del lenguaje figurativo. Tampoco consiguió aquí la arquitectura recuperar el espíritu del ascetismo a pesar del gran esfuerzo artístico desplegado. Hoy, el convento de La Tourette ha sido abandonado por sus monjes y ha pasado a ser otra atracción turística más.

Algo parecido ocurre con el monasterio cisterciense de Nový Dvur que ha sido construido en la república checa. Las ideas del arquitecto minimalista John Pawson evidencian una pose estética a la moda que contradice el carácter ascético y espiritual buscado. La difusión sugerente de las imágenes de sus espacios y objetos induce a una admiración que trata de conducir a su consumo masivo. El mecanismo estético acaba subvirtiendo el carácter ascético como una manera de reconducir toda aspiración vital a una suerte de integración en la corriente económica del capitalismo.

 

Minolta DSCUno de los veinte monasterios del Monte Athos. En la República Griega Autónoma de la Montaña Sagrada

Más información:

Minimalismos. Luis G. Sanz. Cosas por hacer 3/06/2016

Absalon’s Living Cells (1991-1993). Socks 03/02/2014

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